¿Nos hemos convertido en fábricas de ‘me gusta’?

 

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Tengo una amiga que acaba de lanzarse al ruedo empresarial. No es un aguerrido José Tomás dispuesta a jugarse el tipo, sino una simple sexóloga que trata de abrirse camino con una página web y un blog con buen contenido. Lo cierto es que mi amiga se lo trabaja y hasta ha realizado un curso de escritura para hilar unos textos interesantes y bien escritos.

Pues bien, se quejaba mi amiga de que la gente se limitaba a darle al ‘me gusta’ a sus entradas en Facebook, pero que pocos pinchaban para ir más allá de un mero titular. Lo cierto es que esa actitud de la audiencia le creaba impotencia y cierta rabia de profesional que se esfuerza, pero únicamente obtiene el pienso de los ‘me gusta’ negligentes.

La pregunta es: ¿nos hemos convertido en fábricas de ‘likes’ cuya curiosidad se contenta con los títulos y no va más allá por si acaso su atención sufre un esguince en el primer párrafo? Parece que sí, nos lesionamos con la primera frase -una valla olímpica difícilmente franqueable- y nos vamos con nuestra lesionada atención a otra parte.

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Me temo que mi amiga acababa de descubrir que los usuarios de internet padecemos intoxicación; una enfermedad que nos fue diagnosticada hace unos años y que ya se encuentra en un estadio avanzado.

Yo misma ‘regenté’ un blog personal sobre zapatos y recibía, y todavía recibo, comentarios de gente preguntándome que dónde tengo la tienda. Una duda ‘existencial’ que se solventa al segundo si uno simplemente ‘se parase a leer’ lo que tiene delante. Tal metralla de comentarios me dejaba desesperanzada: ¿para qué?

Pero después venían los ‘lectores’, los auténticos, a consolarme con sus comentarios certeros que demostraban que me habían leído de cabo a rabo y se reían con mis ‘chistes zapateros’ y que, por supuesto, no me preguntaban por precios o tallas.

En una ocasión uno se quejó y me espetó diciendo qué clase de tienda era esa dónde no se sabía ni cómo comprar. ¿Y qué clase de él -pues era un ‘él’- que no sabía ni cómo leer?

Aunque tal vez sea lo que dice el Informe PISA. Sí, en España la comprensión lectora de los alumnos está en mínimos históricos y qué somos nosotros sino exalumnos creciditos de ese deficiente sistema educativo al que urge darle un par de vueltas.

Por supuesto, siempre hay lectores, gente que se detiene a degustar los párrafos, que consume información y no se estresa ante los vastos mundos de internet. Por lo tanto, no sufre tampoco tics nerviosos que evacúa a modo de ‘me gusta’. Y esos, señores míos, es a los que hay que pescar pues son los realmente interesados con el contenido.

Yo misma últimamente me dejo pescar por los buenos contenidos de las editoriales y he acabado pasando por la caja 2.0 para hacerme con unos ejemplares de la novela que tan sutilmente trataban de endilgarme. Por supuesto, he sido yo la que he llamado al timbre de la puerta y he entrado por mi propio pie y encantada en el establecimiento. Sí, eso es el inbound marketing.

A mi amiga le diré que persevere, pues Gandalf acabará llamando a su puerta con toda su tribu de enanos para proponerle un viaje inesperado que rematará con un tesoro.

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